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Epifanías no hay muchas: cómo fomentarlas

Efectivamente, Epifanías no hay muchas.

Y no me refiero solamente a mi nombre Epifanía. Aunque esto podría dar lugar a otro artículo sobre la importancia y el efecto de nuestro nombre en nuestra forma de ser. Me refiero más bien a esas revelaciones que ocurren de vez en cuando a nuestro alrededor y que hacen que de repente todo tenga sentido.

El término Epifanía, de origen griego, significa manifestación, y solía referenciarse a revelaciones divinas, siendo la más conocida la Epifanía del Señor, cuando Jesucristo se presenta antes los hombres, a través de la llegada de los Reyes Magos que le traen regalos y lo adoran como a un rey. Así, mucha gente piensa que he nacido el 6 de enero, cosa que no es cierta, ya que mi nombre es de tradición familiar.

epifania

Epifanía también puede ser un concepto filosófico, cuando se tiene una profunda sensación de realización por comprender la esencia de las cosas. De hecho, los ingleses suelen decir utilizar la expresión “acabo de tener una epifanía” (I just had an epiphany) para referirse a esos momentos únicos de pensamiento, donde todo parece encajar como por arte de magia.

Aunque no existe realmente esa magia.

Las epifanías son el resultado del tratamiento de información, de hilar muchos pensamientos, durante bastante tiempo. Es decir, requieren conocimientos previos y profundos sobre la materia o al menos haber disertado largamente sobre un tema. No son revelaciones divinas que ocurren porque sí, sino que son piezas clave que permiten que un enorme puzzle encaje y tenga sentido.

Una epifanía puede ocurrir en cualquier sitio, Arquímedes en su bañera o Newton debajo de un árbol. Cualquier lugar es bueno, yo una vez tuve una en la cola de pagar de un supermercado.

Muchos científicos, como Einstein o Darwin, filósofos, religiosos, místicos o incluso escritores como James Joyce, relatan en sus libros o escritos que han tenido este tipo de cambios inesperados en el camino del entendimiento: destellos de claridad repentinos e inesperados. Y como tal que son, no se puede tener control sobre ellos, pero si podemos entrenarnos para fomentarlos y también para tener consciencia y detectarlos.

epifaniaGary Klein, especialista en el tema y autor del libro “Seeing What Others Don’t: The Remarkable Ways We Gain Insights”, establece cinco formas de fomentar las epifanías:

  1. Ten curiosidad: La curiosidad es el motor del ingenio. Cuando algo nos interesa, investigamos, indagamos, no nos quedamos en la superficie, y ahí es donde encontramos las cosas menos evidentes.
  2. Divaga y sueña despierto: Divagar nos permite hacer conexiones inesperadas y encontrar ideas repentinas. Soñar despierto involucra los mismos procesos cerebrales que imaginar y crear. Date tiempo para “no hacer nada” y simplemente pensar.
  3. Revisa las coincidencias: Muchas veces no hacemos caso a las coincidencias porque pensamos que son eso, coincidencias, pero muchas veces si hay causalidad. No des nada por sentado.
  4. Analiza las contradicciones: Las contradicciones nos hacen dudar, con lo que podemos obtener mucha información.
  5. Utiliza la presión y la urgencia: Muchas veces surgen ideas geniales fruto de la presión, lo que Klein denomina “Desesperación Creativa”. Pon en práctica estas ideas lo antes posible.

Ahora te toca a tí fomentar tus epifanías, tomar consciencia de ellas y ponerlas en práctica. El coaching puede ayudarte en este proceso.

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